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Pedro I de Castilla fue un rey que reinó entre 1350 y 1369. Era hijo de Alfonso XI y de su esposa María de Portugal, y sucedió a su padre en el trono cuando tenía 15 años. Su reinado estuvo marcado por las luchas contra sus hermanastros, los hijos bastardos de Alfonso XI con Leonor de Guzmán, que pretendían arrebatarle el poder. El principal rival de Pedro I fue Enrique de Trastámara, que contó con el apoyo de la nobleza descontenta y de Francia. Pedro I se enfrentó a él en varias batallas, como la de Nájera (1367), donde venció gracias a la ayuda de los ingleses. Sin embargo, al año siguiente, Enrique le derrotó en Montiel y le asesinó en su tienda de campaña.

Pedro I fue un rey polémico, que recibió el apodo de “el Cruel” por sus detractores y el de “el Justo” o “el Justiciero” por sus partidarios. Se le acusó de ser despiadado con sus enemigos, de asesinar a varios nobles y familiares, y de repudiar a sus esposas Blanca de Borbón y Juana de Castro para vivir con su amante María de Padilla. Sin embargo, también se le reconoció como un rey culto, que protegió las artes y las letras, que reformó la administración y la justicia, y que introdujo el real de plata como moneda de curso legal.

Entre sus innovaciones monetarias, destaca la introducción del real de plata, una moneda que perduró hasta el siglo XIX. El real de plata tenía un peso de 3,35 gramos y equivalía a una doceava parte de la dobla de oro, la moneda más prestigiosa de su época. El real de Pedro I llevaba su retrato de perfil en el anverso y el escudo de Castilla y León en el reverso. Esta moneda fue acuñada principalmente en Sevilla, donde Pedro I tenía su corte y su tesoro.